“El hombre es el lobo del hombre”, reza un viejo, pero actual
pensamiento. La historia nos demuestra que el hombre usa su inteligencia para
crear cosas más altruistas, dignas, dignificantes, oportunas, humanas, como la medicina
moderna, la ingeniería nuclear, las carreteras, medios de transporte, libros. También
el hombre utiliza la inteligencia para destruirse y destruir a los demás:
guerras, contaminación, drogas, mentiras, alcohol, basura mal procesada, uso
inadecuado en la eliminación de las excretas. Somos capaces de las cosas más
sensibles y bellas, como construir un poema de amor, que es el sentimiento más
digno del ser humano, o desarrollar el ántrax, es batería que solo el hecho de
pensar en ella nos hace temblar. Nos elevamos hasta los cielos y nos hacemos semejantes
a los ángeles o descendemos hasta los infiernos y nos hacemos semejantes a las
bestias más horripilantes; todo ello, haciendo el uso de la libertad que nos
dignifica o nos hace involucionar hasta niveles inimaginables de indignidad
humana.
Basta dar una mirada a nuestro alrededor, por nuestras calles,
urbanizaciones y barrios, cerros, para darnos cuenta de la humillación que le
estamos haciendo a la naturaleza. Diariamente rompemos el equilibrio que debe
existir entre el hombre y el medio cuando echamos a la calle un papel, una
lata, un envase, una botella. Pareciera que no nos duelen las consecuencias de
todo esto. Pareciera que la inteligencia se fundió cuando no fuimos capaces de
pensar que al contaminar el medio lo estamos haciendo en de nuestra propia
familia, de nuestros padres y de nuestros futuros hijos. Debemos usar la
inteligencia para construir y preservar no para destruir y exterminar.
Cambia tú, si
quieres cambiar el mundo.
Aquel viejo sacerdote budista le pedía a Dios en su juventud energías
para cambiar a los demás. De mayor le pedía fuerzas para a su propia familia,
de anciano le pedía a Dios muchas fuerzas para cambiarse a sí mismo.
No cambiar justificándose por el no cambio de los demás es un hecho
monstruoso que te hace ser peor que ellos y hacer el uso irreverente de la
inteligencia que Dios te dio para construir. Cada vez que ensucies el ambiente
o contamines el medio estas realizando un acto pornográfico. Al justificar tu
conducta con la de los demás, le estas dando un sentido irreal al acto y
diferente al fin del mismo.
Un fin no justifica los medios. Si quieres que los demás sean
aseados y no contaminen, no lo hagas tú. Una persona menos dejara de ensuciar y
perjudicar. Estamos seguras que tu conducta será un modelo para mucha gente. Así
si podrás ayudar a la naturaleza.
Lo que tú no hagas por ti y por tu mundo, nadie lo va a hacer. Si puedes
evitar que lo demás lo hagan, ¡Bravo! ¡Muy
bien! Pero lo más importante es que no lo hagas tú. El mundo no aguanta más contaminación.
Periódicamente leemos en la prensa como se mueren los animales debida al mal
uso de la mano del hombre. El ser humano está diseñado para mantener las cosas
limpias, no para ensuciarlas y dejarlas sucias. Estamos hechos para convivir pacíficamente
y en armonía con toda la naturaleza.
Mantener el equilibrio ecológico es una virtud que se devuelve para
tu propio beneficio, el de toda tu familia y la humanidad.
¡Mantenlo!
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